Cuando aparece el impulso de comer por una emoción, puede ser útil introducir una pausa.
Durante unos minutos puedes preguntarte:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué podría ayudarme ahora mismo?
En ese tiempo puedes respirar, beber agua o dar un pequeño paseo.
El objetivo es crear un espacio entre la emoción y la conducta para poder elegir con más conciencia.