En el ritmo acelerado del día a día es fácil desconectarnos del cuerpo.
Un ejercicio sencillo consiste en cerrar los ojos, observar la respiración y recorrer mentalmente el cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
Pregúntate:
¿Hay tensión o relajación?
¿Hay calor o frío?
No se trata de cambiar nada, solo observar.
Estas pausas ayudan a mejorar la conciencia corporal y a reducir la activación del sistema nervioso.